Entre las grietas por la desertificación se desprende un quejido. No cae la tarde aún, pero el sol persiste en su empeño de apoderarse del cielo. El nacimiento de un niño deja de ser felicidad y acontecimiento para convertirse en el día a día del continente Africano.
Neumi es uno de los 750 mil niños que vienen al mundo a diario. Sin saberlo tiene un 50 porciento de probabilidades de morir dentro de los próximos dos años o menos. Su parentela está compuesta por ocho miembros, que como él no han sido producto del azar sino de la supervivencia. La única salida para garantizar la descendencia y manos fuertes en el futuro, es parir cuantas veces puedan.
La paternidad y la maternidad devienen del amor y el deseo según la declaración Universal de los Derechos del Niño, la cual cumple hoy medio siglo, pero Neumi no escogió donde nacer, qué padres tener y con qué nombre identificarse ante todos, por ello sus derechos dependen en gran medida de su familia.
Decía Víctor Hugo que la familia es el espejo de la sociedad. Hoy, parte de los núcleos cubanos libran culpas sobre los centros educacionales, cuando son ellos los responsables de inculcarle y trabajar con los valores de los pequeños. Quizás porque es mucho más fácil dar a luz que dar un alma.
Aunque en la Isla los problemas no son tan graves comparados con los del orbe, subsiste la violencia, y en ocasiones se toma de pretexto a los infantes para solicitar una casa, una pensión u otra facilidad, como si los nacimientos fuesen estricta responsabilidad del Estado y no de quienes lo trajeron al mundo.
Pero el problema cubano se minimiza siempre al compararse con el resto del mundo. En el país la edad mínima para comenzar a trabajar es de 17 años, nada alejado con lo que establecen los derechos del niño, sin embargo el 17 por ciento de la población activa en África poseen entre cuatro y quince años.
Las pelotas de futbol de Paquistán son confeccionadas por pequeños que no pueden jugar, la producción de seda en la India la realizan manitas desprovistas de ropa, la industria de ladrillos en Camboya se mantiene por quienes no tienen casa, el turismo de Tailandia crece gracias a cuerpecitos que no conocen el amor. Sin contar los que viven entre la basura, el tráfico, los que trabajan en las minas de carbón sin tener con qué calentarse en el invierno.
El 32 por ciento de los niños que trabajan en el mundo viven en el continente africano. Neumi pronto se incluirá entre ellos. Ser maestro, médico, abogado o chofer no entran dentro de sus expectativas. El futuro queda atado a la agricultura, al tráfico, o a la guerra. Por primera vez Neumi jugará con pistolas de verdad.
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