| Millonario de Cariño |
| Escrito por Yudiel Manejías Torres |
| Jueves, 11 de Octubre de 2007 11:30 |
Muchos de mis amigos más viejos incluirían a Alberto Valdés Martínez en la lista de su imaginario equipo de béisbol. Según afirman, varios de los batazos más largos producidos en el territorio partieron de las muñecas de este hombre que hoy cuenta 65 años sobre su negra piel, y más de 41 dedicados al deporte cubano. También hay quien espera ganarle las espaldas, cuando pasa con su equipo de pintor a domicilio, para tildarlo de loco, o bruto. Ciertamente, a Alberto le dicen Butto desde su infancia, cuando trataba de inspirar respeto a los muchachos mayores y gritaba: -¡Yo soy un negro butto (bruto) y meto por los ojos!, pero un error de pronunciación le impedía hacerse entender de la mejor manera. Yo, sin embargo, incluiría al negro Butto en el equipo de la vida, por encontrar en él aquellos rasgos humanos que diferencian a los hombres cabales y porque su existencia constituye el mayor ejemplo de lo anterior. Nadie conoce hasta dónde podría haber llegado en el béisbol, pero casi todos identifican a Alberto Valdés como uno de los cubanos que rechazó jugar en las Grandes Ligas estadounidenses, aunque ello supuso el fin de su carrera deportiva. JOVEN PROMESA {google_1}5332501917323785353{/google_1} Al terrenito de tierra y bases de saco de su pueblo natal lo vinieron a buscar desde La Habana para integrar el equipo juvenil del club Mantilla, luego de jugar en la serie provincial y con posterioridad como refuerzo del Cienfuegos, en la misma categoría. Más tarde realizó una gira por el interior del país en la nómina del célebre equipo profesional Cuban Sugar Kings, aunque nunca concretó un fichaje definitivo con este club. Como parte de conjuntos juveniles cubanos visitó México y Venezuela, y precisamente allí fue captado por la organización de los Medias Rojas de Boston, en 1960 y con 18 años de edad. “En ese momento ya estaba captado para ir a Argelia como parte del equipo juvenil cubano, pero no pude comenzar la preparación por haber firmado con los profesionales”- afirma. Esta oportunidad le permitió jugar con varios de los que, años más tarde, se convertirían en estrellas de las Grandes Ligas, como el caso del también cubano Tony Oliva, propuesto en varias ocasiones para integrar el Salón de la Fama. Poco a poco las relaciones entre la Revolución Cubana y el gobierno de los Estados Unidos se fueron agravando y esto no excluyó el terreno deportivo. “Cuando llegó la invasión a Playa Girón (17 al 19 de Abril de 1961) nadie me podía decir qué estaba pasando, algunos contaban que los chinos habían invadido Las Villas y yo me preocupé mucho por mi mamá, pero pude conseguir un radio de onda corta, propiedad de un señor de apellido Smith, y enterarme de lo que sucedía. Luego le escribí y ella se puso muy triste, entonces decidí renunciar y en uno de los pases, me quedé y comencé a trabajar en el INDER (Ministerio Cubano de Deportes) en 1963.” Sin embargo, el hecho de haber jugado como profesional le impidió comenzar en las Series Nacionales del béisbol cubano, y abrió una disyuntiva en el futuro del prometedor jardinero central, que entonces contaba con 21 años y una carrera en ascenso. “Yo quería conocer la pelota profesional, y por ella pude viajar por varios países, pero la felicidad de mi madre era tenerme cerca, más que el dinero que podría ganar. Yo era solo un muchacho, pero entre la pelota y mi madre, quería a mi madre en vivo, aunque fuera para verla morir.” “A mi me gusta que digan que Butto jugó pelota, pero me disgusta que no se acuerden de tantos peloteros de calidad que jugaron en Caibarién. ¡Aquí hubo peloteros mejores que yo! A veces ni los niños saben que su abuelo era una estrella en el terreno.” Trabajó como administrador de instalaciones deportivas, practicó atletismo, buscó talentos del béisbol por los campos del territorio y finalmente recibió una pensión hace pocos años. “Muchos de mis amigos hoy son estrellas, son gente de dinero. Yo sabía que lo podía hacer, pero a veces el dinero no lo es todo. Yo me encuentro orgulloso. A mí me han apoyado, y ahora mismo tengo a mi hijo con una grave enfermedad y lo que han hecho los médicos con él es un fenómeno. Nunca me he arrepentido, hoy sé lo que hice.” Alberto Valdés Martínez se gana la vida como pintor de fachadas y se mantiene como un renombrado fabricante de vinos en la comunidad. Al menos para mí, el negro Butto se ganó un puesto en el equipo de la vida cuando me dijo: “La gente me dice que yo soy un bobo, que podría haber sido millonario, pero yo siento que hoy tengo un millón de amigos en mi pueblo, todos me respetan, me preguntan por mi hijo, me ayudan. Esos son los millones que tiene un atleta: los fanáticos y su pueblo.” |
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Conozca la historia de uno de los cubanos que rechazó un contrato de las Grandes Ligas norteamericanas, para colaborar con el deporte de su país.
