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El 24 de febrero de 1895 los cubanos de honor quitaron el óxido de los machetes y marcharon nuevamente a la manigua, dispuestos a liberar definitivamente a Cuba del yugo colonial español. Las condiciones que habían que dado origen a la Guerra de los Diez Años continuaban vigentes. La tranquilidad aparente de la Isla solo ocultaba los preparativos de la insurrección, bajo la guía del genio organizativo de José Martí, quien unió a los veteranos guerreros del 68 y a las nuevas generaciones de cubanos en pos del interés supremo de la Patria.
El Apóstol estudió con profundidad las causas y factores que propiciaron los reveses de los cubanos entre 1868 y 1880; trabajó ardua e intensamente para dar solución a los principales problemas que entonces se confrontaron y elaboró las concepciones político - estratégicas que sirvieron de base a la guerra de 1895. Fue el organizador de aquella contienda bélica y aglutinador de los principales líderes. Al General Antonio Maceo lo convocó, conciente de que tenía en la mente tanta fuerza como en el brazo. El Titán de Bronce escribiría al Maestro desde Panamá el 4 de enero de 1888: “… debemos desde ahora, y en presencia de los acontecimientos que rápidamente se desenvuelven en Cuba, organizarnos para el día próximo ya, en que cansado el pueblo de sufrir la ignominia de la servidumbre, (…) busque la solución de sus desgracias, y la salvación de su porvenir, en aquellos hermosos campos regados ya, iay!, con la preciosa sangre de tantos mártires y héroes, enarbolando otra vez la gloriosa bandera que alzaron valientes en Yara, Céspedes y Aguilera”. Martí pidió también el apoyo del general dominicano Máximo Gómez, “que repitiendo su sacrificio ayude a la revolución como encargado supremo del ramo de la guerra, a organizar dentro y fuera de la Isla el ejército libertador”, para llevar a cabo “la guerra republicana que el Partido está en la obligación de preparar, de acuerdo con la Isla”. La respuesta del digno y anciano guerrero no se hizo esperar: “Al aceptar como acepto tan alto destino, puede Ud. estar seguro de que a dejarlo enteramente cumplido consagraré todas las fuerzas de mi inteligencia y de mi brazo”. Así, con el liderazgo histórico asegurado para la contienda, y luego de pasar por duros esfuerzos y enfrentar traiciones y tropiezos, quedó fijado el inicio de la Guerra Necesaria para el 24 de febrero de 1895. Una contienda que buscaba más que la libertad tanto tiempo soñada. No se trataba solo de la independencia de un pueblo colonizado, sino también un servicio que prestaría Cuba al impedir con su libertad el ataque voraz del imperialismo sobre las naciones americanas y preservar el equilibrio vacilante del mundo. El 24 de febrero de 1895 los cubanos marcharon a la guerra por ese y otros ideales libertarios, a reafirmar el espíritu de lucha que había prevalecido en La Demajagua, Bayamo y Baraguá. Aquel día la aparente tregua se rompió y el clarín mambí volvió a llamar a la lucha. Baire, Jiguaní, Santiago de Cuba, Guantánamo, Holguín y Matanzas muy pronto sintieron el tronar de las armas. Los cubanos empeñados en alcanzar su libertad a cualquier precio se pronunciaban contra la dominación colonial. |