Al centenario del natalicio del poeta mayor caibarienense, Antonio Hernández Pérez.  Los acontecimientos fundacionales suelen contar con antecedentes importantes en su paleolítico. Y el hecho cultural que nos ocupa no falta a esta máxima.
Corrían los años de la realmente prodigiosa década del cincuenta del pasado siglo XX, cuando un grupo de amigos diletantes, curiosos, amantes de la literatura, nos acercábamos a la reunión que la parte más progresista de la intelectualidad caibarienense llevaba a cabo tan esporádica como anárquicamente en el parque “La Libertad”, pasadas las diez de la noche, hora en la cual el lugar se vaciaba prácticamente de personas y se dejaban de cobrar los desaparecidos sillones de hierro, que entonces se iban situando en círculo según arribaban escritores y artistas. Y quede claro que en la referida desaparición de los cómodos asientos, nada tuvo que ver Mandrake el Mago, quien jamás visitó la Villa Blanca.
 En la d?cada del 50 del siglo XX, en el parque La Libertad de Caibari?n, se reun?a espont?neamente la intelectualidad local La susodicha reunión o “Peña literaria”: democrática, abierta, noctámbula, resultaba conducida regularmente—a veces convocada--- por el actor y poeta Armando Rosado Rodríguez—Machina—y la integraban con mayor asiduidad, las petas lugareñas Antonio Hernández Pérez, Carlos Galindo Lena, Francisco Oraá Carratalá—Panchito—y Sergio Hernández Rivera. Asimismo también, el promotor cultural y periodista Quirino Hernández, el actor y director de teatro Francisco Zaragoza—Paco--, el pintor Clotildo Rodríguez, el periodista Feliciano Reinoso y el actor Ramón Fernández. En oportunidades no era extraño ver a los poetas y escritores cangrejeros residentes en otras ciudades del país, que se integraban en cuanto visitaban al Cayo. Se trataba de los casos de Aldo Menéndez Paret, Octavio Smiht, Ernesto Crespo Frutos y Salvador Arias. De igual modo acudía desde Yaguajay el poeta Raúl Ferrer, puesto que estaba casado con una caibarienense. Y mientras escritores y artistas deban lectura a sus obras y las comentaban, los jóvenes amigos diletantes, quienes no eran otros que Rafael Tabío Ruíz –Tato--, Jesús Rosado Rodríguez, Luís García Guitar –el Galleguito—y el autor de este breve testimonio; ponían oreja atenta y lengua en ano. Pienso que resultaría difícil encontrar en el mundo, otro pueblo pequeño capaz de reunir tan significativa cantidad de intelectuales como aquella de la “peña literaria del parque”—como justamente pudiera ser llamada-- muchos de los cuales alcanzaron reconocimiento nacional prestigiando a la UNEAC. Las “penas literarias”—más adelante nombradas “talleres”---resultaron creadas oficialmente en Cuba a partir de mediados de 1967. En la entonces regional Caibarién la primera fue fundada en Camajuaní, donde existían excelentes condiciones. La segunda nació en Remedios el 17 del mes diez del 67. Según testimonio autorizado de Julián Pérez Guevara—Carrazana—funcionario del Consejo Nacional de Cultura encargado de la organización y atención de los peñas y talleres literarios en la región, la Villa Blanca resultó paradójicamente una de las últimas en fundarse entre 1967 y 1969. ¿Qué había sucedido? La demora en la creación de la peña literaria en el Cayo se debió a la falta de espacio para sesionar las tertulias de escritores, pues una de los requisitos—amén de la existencia de creadores, por supuesto--- era contar con un local idóneo, es decir, la biblioteca pública fundamentalmente. Ante todo para ciudades como la Villa Blanca, que por la época no contaba con centros de cultura como museos, galerías y casa de la cultura, entre otros. Había que esperar. Y se aguardó por la reinauguración de la biblioteca pública “Antonio Arias García”. En su flamante local. El anterior había sido asesinado por la ignorancia instalada en el poder. Ubicada en el ala derecha a la entrada del hermoso edificio del Ayuntamiento Municipal—sala larga y bastante espaciosa—las valiosas obras de carácter literario, científico y de historia, fueron desalojadas vandálicamente de su espacio por orden del alcalde o comisionado, con la finalidad de instalar allí confortables oficinas para la insensible e irritante doña burocracia. Así que a los maltratados libros los obligaron a tomar diversos caminos. Unos cuantos fueron salvados por el incansable promotor cultural de todos los tiempos y primer Delegado de Cultura en la Villa, Armando Rosado—Machina—Otros menos afortunados cayeron en las manos de múltiples cangrejeros nadie sabe con qué destino. Nunca los caibarienenses podremos olvidar con mezcla de indignación y dolor impotente, aquella foto aparecida en un semanario humorístico nacional, que mostraba en medio de otros textos importantes, así como de objetos que nada tenían que ver con literatura de ningún tipo, la portada amplia, bellamente diseñada de la novela cumbre de nuestra lengua española y un pie de grabado que rezaba satíricamente: ¡EL QUIJOTE CABALGA EN ACOPIO DE CAIBARIÉN! ¡Qué bochorno ¡ Y usted sufre la pena del otro, del ideólogo y del ejecutante siniestro de la barrabasada, quien nunca suele sentirla por ignorante o por cretino—o por ambas cosas— Desde luego que el nuevo espacio para la biblioteca pública “Antonio Arias García” apareció casi desnudo y hubo que volver a vestirlo integralmente en el regio edificio de la avenida Máximo Gómez, cuya sala juvenil aún ocupa la institución. Y como para que no corrieran el mismo destino insultante de los sillones de hierro del parque y del mismísimo don Quijote: mentes y manos amigas de la cultura rescataron los preciosos estantes de madera del fatal desmantelamiento de la farmacia Acosta. Hay que acotar, que durante el período de espera por la reapertura de la biblioteca pública “Antonio Arias”, los poetas Antonio Hernández Pérez y Armando Rosado—Machina—se trasladaban a Remedios, para participar de las tertulias literarias que se llevaban a cabo todas las mañanas dominicales por aquel taller. Y por supuesto, abundaron las ocasiones en las que algunos escritores residentes en la Octava Villa vinieran a discutir sus obras en la vivienda del maestro Antonio, ubicada en el Paseo de Martí. Ciertamente el poeta mayor Antonio Hernández Pérez ejerció el magisterio en los talleres literarios de toda la regional Caibarién. De modo que los escritores bisoños de entonces agradeceremos eternamente sus sabias enseñanzas.
 De manera que, quizás aburridos—o desesperados---por la demora en la reapertura de la biblioteca, el poeta mayor caibarienense Antonio Hernández Pérez, brindó su siempre acogedora casa del Paseo de Martí, para realizar de una vez la fundación oficial del taller literario. Una citación dirigida a Feliciano Reinoso para dicho fin indica que dicho evento cultural se llevo a efecto el 10 de octubre de 1969. Hace ya cuarenta años- Los nombres de los asistentes en aquella fecha fundacional y que fueron atendidos de manera exquisita como de costumbre por Delia Mena, esposa de Antonio, puedo mencionarlos gracias, en esencia, a las memorias de Jorge Peña y Julián Carrazana. Y los escribo siempre con la inquietud de que algunos falten. Si así no fuera nunca habría inconveniente en añadirlos.
Los fundadores resultaron los siguientes: Antonio Hernández Pérez—fue elegido Presidente del Taller--. Armando Rosado Rodríguez—Machina, secretario—Feliciano Reinoso, Clotildo Rodríguez, Román Lugones, María Elena Lugones, Jorge Peña, Sergio Urbay, Antonio Lecuona, Fidel Galbán Ramírez, Rogelio Menéndez Gallo y Julián Pérez—Carrazana—quien dio el visto bueno al acta.  No transcurrió mucho tiempo para que una vez abierta la biblioteca “Antonio Arias García” y en pleno funcionamiento el taller literario, contara con incorporación de nuevos valores para la literatura local y nacional, los cuales mencionaré sin orden cronológico ni alfabético como hasta el presente: Daniel Acosta, Neida Barceló, Emilio Comas Paret, Ramón Rodríguez—Richard-- Juan Francisco de la Paz. María Elena Salado, Andrés Machín Barrios, Hilda Oraá Carratalá, Pedro Luís González y José Lamadrid Vega—Pancho--. Esta es la historia, al menos la parte de la historia que se ha podido rememorar a más de medio siglo de distancia del posible génesis. |