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MAREJADAS DEL RECUERDO PDF E-mail
Miércoles, 14 de Octubre de 2009 13:55

Al centenario del  natalicio del poeta  mayor caibarienense, Antonio Hernández Pérez.

Rogelio Menéndez Gallo, fundador del Taller Literario de Caibarién
Los acontecimientos  fundacionales  suelen contar  con antecedentes importantes en su paleolítico. Y el hecho cultural que nos ocupa  no falta a esta máxima.

Corrían los años de la realmente prodigiosa década del cincuenta del pasado siglo XX, cuando un grupo de amigos diletantes, curiosos, amantes de la literatura, nos acercábamos  a la reunión  que la parte más progresista  de la intelectualidad  caibarienense llevaba a cabo  tan esporádica  como anárquicamente  en el parque “La Libertad”, pasadas las diez de la noche, hora  en la cual el lugar se vaciaba prácticamente de personas y se dejaban de cobrar los desaparecidos sillones de hierro, que entonces se iban situando en círculo según arribaban escritores y artistas.  
Y quede claro que en la referida desaparición  de los cómodos asientos, nada tuvo que ver Mandrake el Mago, quien jamás visitó la Villa Blanca.

Parque La Libertad de Caibari?n, sede de las tertulias de escritores
En la d?cada del 50 del siglo XX, en el parque La Libertad de Caibari?n, se reun?a espont?neamente la intelectualidad local

 

La susodicha reunión  o “Peña literaria”: democrática, abierta, noctámbula, resultaba conducida  regularmente—a veces convocada--- por el actor y poeta Armando Rosado Rodríguez—Machina—y la integraban con mayor asiduidad, las petas lugareñas Antonio Hernández Pérez,  Carlos Galindo Lena, Francisco Oraá Carratalá—Panchito—y  Sergio Hernández Rivera. Asimismo también, el promotor cultural y periodista Quirino Hernández, el actor y director de teatro Francisco Zaragoza—Paco--, el pintor Clotildo Rodríguez, el periodista Feliciano Reinoso y el actor Ramón Fernández. En oportunidades  no era extraño ver a los poetas  y escritores cangrejeros residentes en otras ciudades  del país, que se integraban  en cuanto visitaban al Cayo. Se trataba de los casos  de Aldo Menéndez Paret, Octavio Smiht, Ernesto Crespo Frutos y Salvador Arias. De igual modo acudía  desde Yaguajay el poeta Raúl Ferrer, puesto que estaba casado con una caibarienense.
Y mientras escritores  y artistas deban lectura  a sus obras y las comentaban, los jóvenes amigos  diletantes, quienes no eran otros que Rafael Tabío Ruíz –Tato--, Jesús Rosado Rodríguez, Luís García  Guitar –el Galleguito—y el autor de este breve testimonio; ponían oreja atenta y lengua en ano.
Pienso que resultaría difícil encontrar en el mundo, otro pueblo pequeño capaz de reunir tan significativa cantidad de intelectuales como aquella de la “peña literaria  del parque”—como justamente pudiera ser llamada--  muchos de los cuales  alcanzaron reconocimiento nacional prestigiando a la  UNEAC.
Las “penas literarias”—más adelante nombradas “talleres”---resultaron creadas oficialmente en Cuba  a partir de mediados de 1967. En la entonces regional Caibarién la primera fue fundada en Camajuaní,  donde existían   excelentes condiciones. La segunda nació en Remedios el 17 del mes diez del 67. Según testimonio autorizado  de Julián Pérez Guevara—Carrazana—funcionario del Consejo Nacional de Cultura  encargado de la organización  y atención  de los  peñas y talleres literarios en la región, la Villa Blanca resultó paradójicamente una de las últimas en fundarse entre 1967 y 1969.
¿Qué había sucedido?
La demora en la creación de la peña literaria en el Cayo se debió  a la falta  de espacio para sesionar las tertulias de escritores, pues una de los requisitos—amén de la existencia de creadores, por supuesto--- era contar con un local idóneo, es decir, la biblioteca pública fundamentalmente. Ante todo para   ciudades  como la Villa Blanca, que por  la época   no contaba  con  centros de cultura como museos, galerías y  casa de la cultura, entre otros.
Había que esperar. Y se aguardó  por la reinauguración  de la biblioteca pública “Antonio Arias García”.   En su flamante local. El anterior había sido asesinado por la ignorancia instalada  en el poder.
Ubicada en el ala derecha  a la entrada del hermoso edificio del Ayuntamiento Municipal—sala larga y bastante espaciosa—las valiosas obras de carácter literario, científico  y de historia, fueron desalojadas vandálicamente  de su espacio por orden del alcalde o comisionado, con la finalidad  de instalar allí confortables oficinas para la insensible e irritante doña burocracia. Así que a los maltratados libros los obligaron a tomar diversos caminos. Unos cuantos fueron salvados por el incansable promotor cultural de todos los tiempos y primer Delegado de Cultura en la Villa,  Armando Rosado—Machina—Otros menos afortunados cayeron en las manos de múltiples  cangrejeros  nadie sabe con qué destino.
Nunca los caibarienenses  podremos olvidar con mezcla de indignación y dolor  impotente, aquella foto aparecida en un semanario  humorístico  nacional, que mostraba en medio  de otros textos  importantes, así como de objetos que nada tenían que ver con literatura de ningún tipo, la portada amplia, bellamente diseñada  de la  novela cumbre de nuestra lengua española y un pie de grabado que rezaba satíricamente:
¡EL QUIJOTE CABALGA EN ACOPIO DE CAIBARIÉN!
¡Qué bochorno ¡
Y usted sufre la pena del otro,  del ideólogo y del ejecutante  siniestro de la barrabasada, quien nunca suele sentirla por ignorante o por cretino—o por ambas cosas—
Desde luego que el nuevo espacio para la biblioteca pública “Antonio Arias García” apareció casi desnudo y hubo que  volver a vestirlo integralmente  en el regio edificio de la avenida Máximo Gómez, cuya sala  juvenil aún  ocupa la institución. Y como para que no corrieran el mismo destino  insultante  de los sillones de hierro del parque y del mismísimo don Quijote: mentes y manos amigas de la cultura rescataron los preciosos estantes de madera  del fatal  desmantelamiento  de la farmacia Acosta.

Hay que acotar, que durante el período de espera  por la reapertura de la biblioteca pública “Antonio Arias”, los poetas Antonio Hernández Pérez  y Armando Rosado—Machina—se trasladaban a Remedios,  para participar de las tertulias literarias  que se llevaban a cabo todas las mañanas dominicales  por aquel taller. Y por supuesto, abundaron las ocasiones  en las que algunos escritores  residentes en la Octava Villa vinieran a discutir sus obras en la vivienda del maestro Antonio, ubicada en el Paseo de Martí.
Ciertamente el poeta mayor Antonio Hernández Pérez ejerció el  magisterio en los talleres literarios de toda la regional Caibarién. De modo que los escritores bisoños de entonces agradeceremos  eternamente sus sabias enseñanzas.

Antonio Hern?ndez P?rez, el poeta mayor

De manera que, quizás aburridos—o desesperados---por la demora  en la reapertura de la biblioteca, el poeta mayor caibarienense  Antonio Hernández Pérez, brindó su  siempre acogedora casa del Paseo de Martí, para  realizar de una vez la fundación oficial del taller literario. Una citación dirigida a Feliciano Reinoso para dicho fin  indica que dicho  evento  cultural  se llevo a efecto el 10 de octubre de 1969. 
Hace ya  cuarenta  años-
Los  nombres de los asistentes  en aquella fecha fundacional y que fueron atendidos de manera exquisita como de costumbre por Delia Mena, esposa de Antonio,   puedo  mencionarlos gracias,  en esencia, a las memorias de Jorge Peña y Julián Carrazana. Y los escribo  siempre con la inquietud de que algunos  falten. Si así no fuera  nunca habría inconveniente en añadirlos.

Los fundadores resultaron los siguientes: Antonio Hernández Pérez—fue elegido Presidente del Taller--. Armando Rosado Rodríguez—Machina, secretario—Feliciano Reinoso, Clotildo Rodríguez, Román Lugones, María Elena Lugones, Jorge Peña, Sergio Urbay, Antonio Lecuona, Fidel Galbán  Ramírez, Rogelio Menéndez Gallo y Julián Pérez—Carrazana—quien dio el visto bueno al acta.
Mar?a Elena Salado, poetisa formada en el Taller Literario de Caibari?n

No  transcurrió mucho tiempo para que una vez abierta la biblioteca “Antonio Arias García” y en  pleno funcionamiento  el taller literario,  contara con incorporación de nuevos valores  para la literatura local y nacional, los cuales mencionaré sin orden cronológico ni alfabético  como hasta el presente: Daniel Acosta,  Neida BarcelóEmilio Comas Paret,  Ramón Rodríguez—Richard--  Juan Francisco de la  Paz. María Elena Salado, Andrés Machín Barrios, Hilda Oraá Carratalá, Pedro Luís González  y  José  Lamadrid Vega—Pancho--.
Esta es la historia, al menos la parte de la  historia  que se ha podido rememorar a más de medio siglo de distancia del posible génesis.

 
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