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Caibarién fundó más de 100 periódicos en el siglo XX PDF E-mail
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Escrito por Luis Machado Ordext   
Miércoles, 21 de Septiembre de 2011 17:55

Caibarién fundó más de 100 periódicos en el siglo XX Caibarién es la localidad cubana que más periódicos fundó durante la primera mitad del siglo pasado xx: 104, algunos de circulación nacional, con ediciones diarias, bisemanales y trisemanales. Y aunque varios fenecieron al poco tiempo, de por sí, resulta poco frecuente, y ningún otro territorio superó esa cifra.

 

Taller sobre historia de la prensa en Caibarién

Solicitar esas rarezas, sea en colecciones privadas o instituciones estatales, encarna un vía crucis: no existen o no están disponibles. El poder económico propiciado por su puerto, sus industrias de curtidos de piel, licoreras y de elaboración de azúcar, soportaron un despunte inigualable en una intelectualidad ávida por divulgar los sucesos del país y del mundo, y ofrecer frescas noticias.

Pocas colecciones, casi siempre incompletas y en mal estado, se conservan en archivos. ¡Es una verdad que nadie negaría! Por suerte, tuve la posibilidad, hace décadas, de revisar las que atesoraban, allá en la Villa Blanca, Feliciano Reinoso Ramos, Hilda Cabrera y Quirino H. Hernández.

Todavía guardo con celo una copia, escrita a máquina, de la cronología preparada por Reinoso Ramos (Jack Dempsey, pionero de la locución radial deportiva), la cual incluye 12 periódicos del siglo xix. El Porvenir (1878) fue el primer rotativo de ese período. A partir de entonces, el territorio --surgido de un desprendimiento de San Juan de los Remedios y fundado en 1832 por Narciso Justa--, se empeñó en hacer circular periódicos por el país.

La Prensa, en Remedios y su Jurisdicción (1929), y el Apéndice Tercero de los Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción (1936), preparados por Martínez-Fortún y Foyo, sirvieron a Reinoso Ramos de complemento hasta esa fecha. A partir del cierre de esos apuntes, se las ingenió para acabar una cronología que culminó en 1980 con la circulación del boletín El Popular, órgano de gobierno en Caibarién. Tal vez el investigador haya tomado notas aparecidas en El periodismo en Las Villas (1953), de Alberto Aragonés, un libro menor, pero aporta informaciones.

El hecho compilatorio denota un esfuerzo supremo por hacer trascender los procesos económicos, culturales, sociales y políticos de una comunidad abierta, incluso, a la observación internacional. Con esos ribetes descuella Archipiélago, una Voz de Tierra Adentro para el Continente (1943-1948), mensuario artístico-literario dirigido por Quirino H. Hernández, en el cual co­la­boraron los más importantes escritores cubanos de ese tiempo.

Por desgracia, en Cuba no abundan los estudios panorámicos sobre el periodismo impreso, de circulación masi­va. Las causas son múltiples, y salvando cualquier signo de apatía historiográfica o académica, las colecciones deci­mo­nó­nicas, las del siglo pasado y hasta las del actual, sufren cons­tante deterioro por caren­cias financieras para la conservación.

El Villareño (1947-1960), dirigido por Armando A. Machado. Por su estilo, agudeza temática y empleo de fotograbados, marcó una novedad en el periodismo de opinión. Una de las pocas colecciones completas existentes en el territorio central. (Ejemplar propiedad del autor.)

Los predios villaclareños, al menos, son privilegiados: ante la ausencia o el estado incompleto de recopilaciones, cuentan con dos monografías insuperables. Una, la preparada por Martínez-Fortún, y la otra, El periodismo en Sagua. Sus ma­nifestaciones (1901), suscrita por Antonio Miguel Alcover y Beltrán.

Después de los voluminosos Apuntes para la Historia de las Letras y de la Instrucción Pública en la Isla de Cuba (1861), de Bachiller y Morales, el texto de Alcover y Beltrán es el más auténtico de los panoramas elaborados sobre el periodismo nacional.

El hecho es plausible  a partir de la división de los rotativos con perfiles políticos, literarios, ilustrados, científicos y de beneficencia, escolar, deportivo, satírico y racista. Sus apre­ciaciones son muy contemporáneas, propias de este tiempo, aun cuando en los enfoques tienda hacia el descriptivismo narrativo.

Llama poderosamente la atención que en la primera mitad del siglo pasado --1915 y 1940-- persista una explosión de periódicos; son épocas entre guerras mundiales. Esa conclusión se colige de las cronologías de Martínez-Fortún, Aragonés Machado y Reinoso Ramos. No encuentro otra explicación que relacionarlo con el desarrollo azucarero de la región y, por supuesto, con los puertos marítimos más importantes: Caibarién, Isabela de Sagua, Casilda y Cienfuegos.

Violaron, incluso, la anterior censura: El Eco de Villa-Clara (1831-1856); Corbeta Vigilancia (1820), en Trinidad; el Fénix (1834-1934), en Sancti Spíritus. Martínez-Fortún dice que en 1841 existían en Cuba ocho periódicos: Diario de La Habana, Noticioso y Lucero (La Ha­bana); La Aurora (Matanzas); El Correo (Trinidad), Fénix (Sancti Spíritus), El Eco de Villa-Clara (Santa Clara); La Gaceta (Puerto Príncipe) y El Redactor (Santiago de Cuba). La Habana, Matanzas y Santiago tenían diarios, y los otros, a veces, bisemanarios o trisemanarios. Después surge una avalancha de rotativos con vidas más o menos prolongadas.

El caso particular de la aparición de tantos periódicos en Caibarién, incluso en Sagua la Grande, durante el pasado siglo, solo puede explicarse por el desarrollo económico originado por los embarques de azúcar crudo, refino y sus derivados. El razonamiento, desde la óptica científica y de análisis historiográfico de la prensa impresa, no está registrado en ninguna parte.

Triunfos y Programa de la Federación Nacional Obrera Azucarera (1945), con asesoramiento económico de Jacinto Torrás (Juan del Peso), aclara que entre 1928 y 1936 se produjeron en Cuba 26 millones 382 mil 253 toneladas métricas de azúcar. En ese período, molieron 145 ingenios como promedio, y el precio de los crudos se comportó por encima de un peso la libra, con excepción de 1932-33, cuando fluctúo entre 0,71 y 0,97 centavos.

Las Villas tenía en ese entonces 53 ingenios activos, y un 70 % de ellos exportaba los azúcares y derivados por los puertos de Caibarién e Isabela de Sagua. Había, por supuesto, otras industrias de prestación de servicios y de comer­cialización internacional de sus producciones, lo cual revela una gran prosperidad económica, con una repercusión inusual en la vida espiritual en esas localidades. Por tanto, no es descabellada la afirmación que Ramos Reinoso sustenta en torno a un periodismo desmedido en publicaciones y ediciones territoriales de la Villa Blanca y algunas comarcas cercanas.

 

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