 Pablo Olalde, instructor de Arte de Caibarién, fundador del grupo Decadanza, relevante por su calidad Este 18 de febrero celebramos en Cuba el Día del Instructor de Arte, rendimos tributo a Olga Alonso, y honramos a quienes durante años se han consagrado a la formación de artistas o la educación del gusto estético. Caibarién tiene un enorme potencial de casi setenta instructores de Arte, graduados en diferentes honradas de las escuelas creadas a ese efecto, los más recientes pertenecen a la brigada “José Martí” y prestan sus servicios fundamentalmente en las escuelas de la localidad. Otros, con más larga historia como José Ramón Alcántara y Ramón Rodríguez Bouben, conocido como Richard, aportaron a la historia de la cultura local numerosos premios, formaron varias generaciones de actores y actrices y lograron en quienes no siguieron de forma profesional, el gusto y la capacidad de apreciar las artes. 
A ellos se suman los de una generación intermedia formada, entre otros, por Marcelo de Armas y Pablo Olalde, quienes cumplen en la actualidad misión internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela, a donde llevaron su preparación técnica como profesionales junto a sus valores humanos. De ellos pudiéramos mencionar muchos lauros, pero basta resumir con que a Marcelo de Armas debemos el grupo de teatro para niños Rimariyama, y bajo la dirección de Olalde, Caibarién atesora una de las mejores agrupaciones danzarias de la región central del país, nombrada Decadanza. Para honrar a la muchacha que murió en un accidente a los 19 años de edad, mientras brindaba su arte a los campesinos, los instructores de hoy celebran su día en Caibarién, como en toda Cuba, con el orgullo de tanta historia vivida y por vivir.  Olguita, instructora de Arte por siempre
Olguita, instructora de Arte por siempre Olga Alonso nació, como ella misma dijera: el décimo octavo día del segundo mes del año en que derrotaron al fascismo, (18 de febrero de 1945)y murió a los 19 años de edad, cuando como integrante de la primera graduación de instructores de Arte de la Revolución, se dirigía a darle clases a los campesinos en la zona de Fomento, en el Escambray, donde cumplía su servicio social; era 4 de marzo de 1964. A pesar de su corta vida, dejó tanta obra que se decidió conmemorar cada año su natalicio al convertirlo en el Día del Instructor de Arte. En abril de 1961, Olga Alonso González, ingresó en la Escuela Nacional de Instructores de Arte, de la que se graduó el 6 de septiembre 1963, en la especialidad de Teatro, con el primer expediente. En noviembre de ese año recibió su ubicación como Instructora de Arte, en Santa Clara, Las Villas; como Orientadora Regional de Teatro. El día 11 llegó a la granja "Mártires de Fomento", Departamento de Casazinc, Fomento, Las Villas. Allí creó grupos de aficionados integrados por niños y adultos (Vladimir Marakovski, Folklor, Chaplin, Ismaelillos, Pantomimas, entre otros). 
Olga Alonso tenía enormes facilidades para las artes, se destacaba en la danza moderna, la pantomima, el teatro y también en la Literatura, de ella quedaron testimonios, poemas, cartas y diarios que su madre compiló en una obra titulada “Los jóvenes somos historia”, tomando una frase que ella escribiera y decía: "Los jóvenes pensamos que somos historia porque sabemos que somos historia". En él se muestra a la muchacha que prefirió enseñar a otros a apreciar las artes, antes que brillar individualmente como artista. Su actitud revolucionaria fue muy destacada, mientras estaba en el primer centro de becados, la Escuela de Instructores de Arte, participó en los fuertes debates ideológicos de aquellos tiempos iniciales, estuvo en la recogida de café en Guisa, y en la siembra emergente en Camaguey.  …hoy su voz anda por nuestras casas de cultura, escuelas, barrios, en las voces de otros instructores de Arte… Olga, se enfrentaba a una tarea brillante, con el compromiso cierto de realizarla hasta sus últimas consecuencias, ella no conocía fronteras en el cumplimiento de su deber, creó campañas de buen hablar entre los campesinos, propició la creación de los Consejos Populares de Cultura, se integró como maestra en las aulas de seguimiento, desarrolló a los jóvenes con mayores posibilidades como monitores para extender por aquel verdor las ramas del Arte, creó bibliotecas. A pesar de la distancia que la separaba de su familia y de las difíciles condiciones en las que tenía que trabajar, ella era feliz, se sentía optimista. “No quiero que mi escritura se quede sin voz, no quiero que dejen de oírla con los ojos, es mi vocero…es mi palabra”. Así escribió Olga Alonso, hoy su voz anda por nuestras casas de cultura, escuelas, barrios, en las voces de otros instructores de Arte que se honran al honrarla cada 18 de febrero. |